por Vivi García
Me gusta verlo desnudo. Tal vez porque soy una admiradora de las formas: su cuerpo erguido, sus brazos fuertes, su desfachatez... Es, sin duda, un exhibicionista. De a poco, muy despacio, como quien anhela despertar el deseo en los otros, echa sus prendas al viento.
Me encanta verlo desnudo. Tal vez, porque amo la naturaleza. Tal vez, porque posee una belleza excelsa.
Su piel expuesta y abierta a la caricia me invita a tocarlo (además, le hablo y le agradezco todos sus favores).
Tener un árbol en la casa es un placer que pocas personas experimentan. Y yo, que gozo a diario de este privilegio, me entrego a la fiesta de los sentidos para celebrar su desnudez cada otoño y para ensalzar su ropaje lleno de verdes cada septiembre.