jueves, 10 de abril de 2008

ELBA SARDI

Revista Literaria UTOPÍAS
Personaje del Barrio

ELBA SARDI

Elba Sardi, “Beba” para los amigos, es una vecina del barrio de Liniers que se sorprende cuando, en nombre de UTOPÍAS, quiero entrevistarla. Delgada, de hablar pausado expresa que: “su vida no tiene nada de extraordinario, es la historia de una mujer común”.
Después de leer estas líneas ningún lector compartirá este concepto, Beba no es una mujer común.
Nació en Pehuajó, en la provincia de Buenos Aires (igual que Manuelita, la tortuga que todos conocemos y nos fuera presentada por María Elena Walsh). Elba fue la menor de doce hermanos, hija de Pedro Sardi y Albina Pelliza, sus padres nacieron en Italia, en localidades cercanas, sin embargo llegaron a la Argentina con sus familias en diferentes épocas, Pedro a los 13 años de edad, en tanto que Albina tenía apenas 2 añitos cuando sus pies pisaron esta tierra.
Al nacer Elba la familia se dedicaba a la agricultura, arrendaban un campo, la crisis de 1930 los obliga a abandonar la tierra y trasladarse más cerca de la ciudad, en una quinta continúan vinculados al trabajo agrícola pero a menor escala.
Pedro fallece cuando su hija menor tiene 13 años, los hijos mayores ya habían abandonado el hogar paterno. Pasado el tiempo Beba y su madre se alejan de Pehuajó, deciden viajar a Buenos Aires, al barrio de Liniers donde ya viven dos de sus hermanos.
Por relaciones familiares consigue un trabajo en el centro de la ciudad, en una casa de remates, al poco tiempo lo deja, el viaje, el tránsito, los edificios altos no le resultan agradables.
Surge entonces su segunda oportunidad laboral, en el barrio, la óptica Spivak. Ese fue “su” lugar, trabajó allí durante 40 años, vecinos y clientes incorporaron su imagen asociándola con este tradicional negocio de Liniers. Es que Beba desde su puesto, detrás del mostrador, puso su inteligencia y esmero en algo que no solo fue una ocupación laboral, también fue un servicio.
Conoce a quien fuera el amor de su vida, José Rodolfo Areu Hernández, su esposo y padre de Alejandro, su único hijo.
José Rodolfo se desempeñaba en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, hombre con profunda vocación social desarrolló una labor vinculada a la económica, números y valores. Una verdadera dicotomía.
Beba se había criado en el seno de una familia numerosa, desde la cuna aprendió a compartir, a pensar en los demás, supo de la importancia de la labor de grupo, del uso común de las cosas.
Fue y continúa siendo ese pensamiento una postura de vida, que compartió con José Rodolfo, con su hijo, amigos y conocidos.
Busco en el diccionario la definición de dos palabras: COLABORAR (trabajar con otros). AYUDAR (prestar cooperación, auxiliar, socorrer, hacer un esfuerzo, poner los medios para el logro de alguna cosa).
Las dos definiciones cuadran para la labor anónima y silenciosa de Beba, colaborar y ayudar, sin buscar protagonismos, intentando mantenerse en el anonimato, integrando equipos de trabajo.
Es una actividad silenciosa, exigente, muchas veces ingrata que requiere construir, reconstruir y comenzar a recomponer, día a día, la voluntad de trabajo destinado a un fin social.
La Corporación Sarmiento supo de sus esfuerzos y logros, en una época en que esa institución prestaba una importante función social y cultural en el barrio.
Trabajó en la Comisión por la Memoria , la Verdad y la Justicia por los detenidos desaparecidos de Liniers y Mataderos.
Las reuniones de la Coordinadora por la Recuperación de los Talleres Ferroviarios de Liniers contaron con su permanente asistencia como vecina interesada en el tema.
Su relación con la Casona de los Barriletes, el hogar donde viven en la actualidad 18 chicos “en situación de riesgo”, es de hace muchos años cuando observaba tantos niños viviendo en la calle, se enteró de la existencia de ese hogar y se acercó a colaborar. Hasta la fecha continúa trabajando por y para ellos.
Quienes vivimos junto a Lucy Laffite su enfermedad pudimos apreciar esa labor anónima, callada, constante. En Liniers muchas personas reconocen su apoyo en momentos de necesidad.
Pasan los años, la fuerza de Beba no disminuye, la moviliza la situación social, la crisis económica, los problemas vecinales. Cuando se necesita una mano, allí está la suya.
Lectora incansable, disfruta de la poesía, los buenos libros, siempre informada y atenta al acontecer político.
Esta es la historia de una “mujer común”, según su propia definición, sería bueno preguntarse si conocemos muchas personas tan “comunes” como ella.
Alcira Lucena