por Grisel Dozirciw
Abre los ojos, se levanta, se cambia. Al abrir bien los ojos nota la aldea, el mar, la luz del sol.
- Delfina, vení a tomar la leche y después cambiate que nos tenemos que ir – decía su mamá.
Justo ahí se acordó de que tenía clase de canto.
Delfina vivía en una aldea cerca del mar, y le encantaba cantar. Siempre llevaba con ella a su clase un colgante de vidrio con forma de delfín, que un día había encontrado en la calle de tierra.
El sol brillaba como nunca lo había hecho. Iba feliz, estaba al lado del puerto, veía a los peces saltar, y el mar era tan claro que se podían ver pequeños arrecifes. Sin duda, era un día hermoso.
Delfina iba pensando en todo esto y estaba tan distraída que no se dio cuenta cuando un señor le quitó el colgante con forma de delfín y lo tiró al mar.
Al llegar a la clase de canto notó que le costaban mucho los agudos. Cuando salió fue a buscar a Luna, una amiga suya, y la invitó a comer a su casa.
Cuando llegaron, salieron a jugar y allí pasaron toda la tarde.
Cayó la noche, tan limpia, tan clara, tan cargada de estrellas. Comieron al aire libre ya que el clima era perfecto y la noche tan linda.
- Fue un hermoso día – iba pensando Delfina mientras se dirigía a la cama e iba tan distraída que no se dio cuenta de que algo la ahogaba y le cortaba la respiración y que lentamente se le acababa el aire, como al colgante de delfín, muerto ya, ahogado bajo la superficie del mar.
La autora de este cuento tiene 12 años, en noviembre del 2007 finalizó sus estudios primarios en la Escuela 18 del D.E. 20 República de Korea. Su maestra la señora Ana Díaz consideró que la vocación y el trabajo de la joven escritora merecían ser destacados y la contactó con nuestro grupo literario.