Revista Literaria UTOPÍAS
LUNA DE ABRIL
por Dominga Starópoli
Sergio se sintió feliz, cuando aquellas señoras de un grupo literario, aceptaron publicar en el libro la carta de Marcelo, su amigo. Había agotado todas las posibilidades de búsqueda y esa era la última oportunidad que tenía para encontrar a Laura.
Se puso a trabajar esperanzado. Entregó los libros y cada vez que sonaba el teléfono su corazón latía fuerte.
Pasaron algunos meses. Un día, mientras iba hacia su pequeña editorial , al cruzar el Parque Avellaneda, por un instante evocó la niñez junto a su amigo. Y tuvo un presentimiento. Al llegar oyó sonar el teléfono con insistencia, cuando escuchó la voz de una mujer que se presentó como Laura, la novia de Marcelo, Sergio pensó que el designio de aquella frase que alguna vez había leído en una revista literaria se había cumplido. “Las palabras escritas en las páginas de un libro quedarán para siempre y algún día el viento las hará volar hasta el lugar justo”.
Laura apagó las luces y se retiró a su dormitorio, se recostó y quedó profundamente dormida. A la madrugada una fuerte tormenta de viento la despertó, se levantó a cerrar el ventanal de la sala y mientras entornaba las persianas miró el cielo, las nubes iban tapando la luna, aquella hermosa luna de abril… y pensó en Marcelo y en la última noche que estuvo con él, en la despedida y en lo mucho que lloraron los dos.
Fue a la cocina y bebió unos sorbos de agua para tranquilizarse. Sobre la mesa, estaba el libro que una señora le había obsequiado en un café, lo hojeó rápidamente, pero como ya estaba desvelada se sentó y lo miró con más interés.
Algunas poesías, citas literarias y cuentos, todo lo que a Marcelo y a ella les gustaba.
De pronto un título le llamó la atención “Luna de Abril”, sus ojos relampaguearon, se acomodó los lentes y comenzó a leer:
Abril del ^82
Querida Laura:
Recordás las horas que pasábamos en el parque, mirando el cielo muy azul y esperábamos que asomara entre los árboles nuestra luna de abril.
Hace horas que estoy en la trinchera, ya está por oscurecer, apenas puedo distinguir a Sergio que está a pocos metros de mi.
Nos avisaron que en cualquier momento van a atacar, la vigilia es angustiante, pero pensé en vos y me siento mejor. Tuve ganas de escribirte para sentirme más cerca tuyo y de “tu pancita”. Como verás no perdí la costumbre de llevar papel y lapicera en el bolsillo.
Disculpá lo desprolijo de la letra, pero esta vez no olvidé preparar las hojas en forma de libro como a vos te gusta y hasta le puse título, como si fuera un cuento; seguramente en este mismo momento te estás riendo, si me parece verte y siento tu perfume y las caricias de tus manos.
Extraño las noches de abril en el parque y nuestra luna grande y brillante. Te prometí casarnos en este mismo mes y bajo nuestra luna, pero, me tocó estar aquí. Te prometo que en el próximo abril nos casaremos.
Ayer me hubiera gustado estar a tu lado, es que fue mi cumpleaños, cumplí veinte, ¿te acordaste?, supongo que sí. Seguramente me habrás mandado una tarjeta, pero a mí hasta ahora no me dieron nada. “Cuidate la pancita”.
Recordás, cuando empezábamos a sentir frío nos abrazábamos fuerte, muy fuerte, para entrar en calorcito y así la espera era más linda; en cambio hoy estoy solo, con un fusil en la mano.
Aquí el cielo es gris y hay neblina, nunca se ve azul como allá.
Laura, ya se acercan los aviones, escucho explosiones y metrallas, ya no puedo seguir escribiendo. Laura, abrazame fuerte, como en el parque… algo extraño está pasando… el cielo se puso azul y veo nuestra luna, tengo mucho frío y mis manos se tiñeron de rojo… abrazame… y mirá que hermosa está la luna.
Laura se levantó y salió al balcón, ya estaba lloviendo, la lluvia le mojó el pelo, la cara y se mezcló con sus lágrimas.
Su hija dormía en el otro cuarto, ella se acercó y la despertó, le acarició el rostro y la besó, le mostró el libro y le dijo: aquí hay escrita una carta dirigida a mi, es de tu papá y la volvió a leer. La hija la abrazó fuerte y tomó la foto de su papá que estaba sobre la mesita. Las dos miraron por el cristal de la ventana, la lluvia había cesado, y de pronto vieron que entre las nubes asomaba la luna. Aquella, hermosa y brillante, la de Abril.
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