jueves, 10 de abril de 2008

LOS KILMES

Historias de vida:

LOS KILMES
por Dominga Starópoli

La antigua Ciudad Sagrada de Kilmes, conocida como “Ruinas de Kilmes” se encuentra en la provincia de Tucumán. Allí se conservan los restos de las antiguas viviendas indígenas que dominan desde lo alto la vista de todo el Valle.
Fue una gran ciudad y uno de los principales asentamientos prehispánicos del país. Comenzó a poblarse a mediados del siglo XV y en el siglo XVII había crecido tanto que entre el centro y alrededores vivían 10.000 personas.
Vista desde el cerro Alto Rey, se asemeja a un laberinto de cuadrículas de 70 metros de largo que servían de andenes para los cultivos, depósitos y corral para las llamas.
La ciudad era una verdadera fortaleza, construida de pircas (paredes de piedras). Las pircas eran altas y las viviendas bajas, porque de esa forma se protegían y les conservaba el calor en invierno y el fresco en verano.
Los Kilmes estaban entrenados en el arte de la guerra, debido a los conflictos con tribus vecinas, por esa razón resistieron el asedio español durante un siglo.
Pasada la fiebre del oro, la conquista codiciaba a los Kilmes como fuerza de trabajo.
Para dominarlos, llevaron a cabo algo siniestro, una política sistemática de destrucción de sus cultivos y finalmente lograron rendirlos en 1666, no por la fuerza, porque la ciudad era indoblegable, sino por hambre y sed.
Antes de someterse a la esclavitud, muchos de ellos se suicidaron lanzándose desde la fortaleza al precipicio. Los demás fueron desterrados de los Valles Calchaquíes y trasladados a pie a las costas del Río de la Plata. El proceso de desarraigo implicó la pérdida sostenida de sus dioses y sus técnicas pastoriles, mientras quedaban sumidos en una virtual incomunicación con el mundo exterior debido a las barreras idiomáticas. Se dice que en aquel momento, algunos pudieron escapar y esconderse, de esa forma se pudo conservar la descendencia. Defendieron sus tierras hasta las últimas consecuencias y aún hoy esperan que se las devuelvan.
Desde hace varias generaciones habitan la zona comprendida por los pueblos Colalao del Valle en Tucumán y Fuerte Quemado en el límite con Catamarca, a lo largo del río Santa María, entre los cordones montañosos del Aconquija y el Cajón.
El idioma original de los Kilmes era el “cacán” pero se perdió casi totalmente a causa de la deliberada represión de toda expresión de la cultura aborigen llevada a cabo por los conquistadores. Entre las que se recuerdan se sabe que “kilmes” significa “entre cerros”. También se conservan algunos apellidos, como Yapura y Llampa.
Siguen practicando su religión, la adoración a la Pachamama (Madre Tierra) y a Inti (Sol). Gloria Yapura, interlocutora aborigen de la comunidad Diaguita, está en el proyecto de Interculturalidad. Tiene a su cargo la enseñanza y el fortalecimiento de la identidad de los niños. Periódicamente invitan a los ancianos indígenas para que les cuenten la historia de sus ancestros. Así los niños pueden conocer la sabiduría de sus antepasados, su forma de vivir, alimentarse, vestirse y las creencias.
Los descendientes ahora se dedican a la cría de ganado caprino, producción de dulces y quesos y algo de agricultura. Además existen numerosos artesanos, que confeccionan tapices, tejidos en telar, trabajos en cuero, objetos de cerámica, esculturas en madera y piedra, de indudable valor artístico.
El valle es una zona seca, con lluvias escasas. El agua utilizada para beber, cocinar y regar proviene de vertientes, que a través de acequias recorren los campos y deben compartirlas por turnos con otros pobladores.
La Ciudad Sagrada de Kilmes es hoy un testigo silencioso de su pasado y de su presente.
Es la historia de un pueblo arrasado.
Pero siempre queda una semilla y esa semilla está viva y renacerá una y mil veces.

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Los hombres inteligentes quieren aprender.
Los demás, enseñar.
Antón Pavlovich Chejhov
Dramaturgo ruso 1860- 1904