Revista Literaria UTOPÍAS
ANA
por Lidia Arch
Ana percibía desde su aguda sensibilidad, que se acercaba ese final sin hora de llegada que, con rayos naranja y fuego, le atraía y atemorizaba, como un infinito atardecer de pampas.
Con la dificultad que otorgan los años, observa una y otra vez las pinturas, eses referidas a la luna, una, reflejaba caprichosos arabescos con matices grises dibujados, en otra se veía enamorada a orillas del río que aquella hacía brillar y ésta, expandía sombra y luz desde su escondite tras los cerros y las nubes.
Aún recuerda la sensación de vacío que sintió cuando su incógnita fue develada, hace hoy mucho tiempo.
Luego siguió fiel a su inspiración recurriendo a la inagotable naturaleza, pintó el albergue de los pájaros al atardecer, arbustos en los que el ciclo de vida renace cada primavera, después de haber puesto a prueba su paciencia en el invierno.
Pero el curso del tiempo, que es efímero en ansias plenas, eterno en el dolor, fue llenando su vida sin dejar en blanco un solo instante, se llevó su juventud junto a la agilidad de sus dedos, hoy inertes.
Ana sigue pintando, con las alas de su imaginación, cuadros que solo ella disfruta, estampas de momentos vividos, largos callejones silenciosos bordeados de tilos, que seguro tendrán el color opacado como el azul de sus ojos que ayer fueran brillantes…
Ni el tiempo en su transcurso, ni la quietud de sus dedos le pudieron robar la dulce sonrisa, nacida tal vez de la magia del arte que anida en su espíritu.
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No fue sino muy adelante en la vida que descubrí
lo fácil que es decir “no sé”.
W. Somerset Maugham
Dramaturgo inglés 1874 - 1965