jueves, 3 de abril de 2008

AQUEL MUNDO DE ROBERTO,

Revista Literaria UTOPÍAS

AQUEL MUNDO DE ROBERTO,
ALLÁ EN SU INFANCIA PROVINCIANA
Por Ana María La Greca

(Dedicado a mi hermano Hugo y amigos, compinches
de mi infancia, en el pueblo de General Las Heras,
provincia de Buenos Aires)

Roberto llega y recibe el fervoroso saludo de Tigre, el perro, al que debe contener con una amenaza. Luego entra en su habitación, cierra la puerta y la traba con el pasador, abre los postigos de la ventana que da al fondo de la vieja casona, bajo la galería de chapas galvanizadas, silba, y de inmediato aparece el animal. De un salto entra en el cuarto. Con la cola en movimiento continuo y varias lamidas en la cara del dueño en agradecimiento por la felicidad proporcionada, para después echarse sobre la alfombra de cuero de vaca blanco y negro.
En la radio ya comenzó “Los Pérez García”, el programa favorito de todos. Las voces de Doña Clara y Don Pedro salen de los receptores del vecindario. ¡Hasta en la escuela se comenta sobre esta familia radial! Maestros y alumnos conversan acerca de la enseñanza moral y de buena convivencia que surgen de la comedia.
Los niños escriben basándose en los temas tratados. Usan lapicera de pluma fuente que cargan en los tinteros involcables (que siempre terminan derramados en el pupitre o guardapolvo, con la consiguiente reprimenda de la respetada educadora y los rezongos de la madre que debe quitar con sal y limón, al sol, la intensa mancha).
Algunos pocos tenían Birome y así evitaban las indecorosas salpicaduras y el uso del rodillo secante, elemento productor de hábitos casi maniáticos, puesto que se escribían dos o tres palabras con la obligada mano derecha y con la izquierda se hacía el vaivén de absorción para extraer la sobrecarga de tinta y las palabras quedaban allí, impresas al revés.
- ¡Mirá, Roberto, si seguís agujereando las hojas del cuaderno por borrar tanto, este domingo no vas a ir a la función matinée del Cine Unión!
- Te prometo, papá, no borronear más las hojas y prestar atención para no equivocarme tanto.
Dos de la tarde de un domingo frío y con sol.



Revista Literaria UTOPÍAS

Por los altos parlantes de la calle principal del pueblo se escucha música, se repite a cada rato el chamamé de moda: “Merceditas”, el cual Roberto y los amigos cantan a coro mientras se dirigen al cine.
En la panadería “El sol de España” compran confites y rosquitas.
A Roberto las golosinas siempre se le terminan antes de la mitad de la primer película, por eso tiene algunas monedas de cinco y diez centavos para gastarlas cuando llega el intervalo en maní con chocolate y caramelos Media Hora.
La proyección se corta a menudo y la oscuridad se vuelve sonora por los gritos, zapateos y chiflidos. Otra vez la iluminación, alguien aprovecha para abastecerse de bocadito Colibrí de chocolate y menta, no quiere convidar, y cuando se inicia el espectáculo lo va comiendo de a trozos.
Pero ese olor tan exquisito le hace decir a otro en voz baja:
-¡Dame un mordiscón, nada más! El próximo domingo voy a comprar uno y te lo voy a devolver.
Los dedos de Hugo van cortando minúsculas porciones de reparto.
Mientras tanto, Carlitos Chaplín, El Gordo y el Flaco, los Tres Chiflados o los Hermanos Marx, continúan en la pantalla de dos colores logrando arrancar inocentes carcajadas con sus pícaras e ingenuas aventuras. Hasta que el último “The End” los despide. La próxima semana volverán.
Regreso a casa con el Tigre que finalizó su paciente espera en la puerta. Gran satisfacción en las caras sonrientes.
Cena temprana.
Se oye una madre que dice:
- Mañana hay que madrugar para ir a la escuela.
Veinte y treinta horas, listos en las camas para dormir. Las mujeres cosen y tejen mientras escuchan en Radio Porteña la obra: “La Tercera Palabra” que transmiten directamente de algún teatro de la ciudad de Buenos Aires. El padre y el abuelo dialogan de los graves problemas económicos que la guerra europea trae aparejados. En la mesa, el diario “La Prensa”.
Afuera, todo es silencio y penumbra. Por la calle, de vez en cuando pasa un carro o un sulky levantando el polvo de la tierra seca. Es un año de pocas lluvias y el camión regador no ha pasado.

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